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viernes, 18 de noviembre de 2016

El Celler celebra sus 30 años con la exposición 'De la tierra a la luna'

Los Roca, anfitriones de las nuevas estrellas Michelin

El Celler celebra sus 30 años con la exposición 'De la tierra a la luna', una gran muestra sobre su trayectoria

 

Desplegable de la exposición de El Celler de can Roca, 'De la terra a la lluna'


El Celler de Can Roca será el anfitrión de la gala de presentación de la Guía Michelin España & Portugal 2017, que se celebrará el 23 de noviembre en Mas Marroch, el espacio de eventos que los hermanos Roca tienen en Vilablareix (Girona). Ese día se conocerán las nuevas estrellas que concede la publicación en la Península Ibérica. “Asistirán los ocho cocineros españoles que tienen tres estrellas y también todos los que tienen dos. Hasta ese momento no sabremos quiénes conseguirán la tercera, yo espero que uno de ellos sea Andoni Luis Aduriz, de Mugaritz”, adelantó el chef Joan Roca.
 
 
La gala de tan codiciados galardones se realizará por primera vez en Girona gracias a los Roca y a la colaboración de la Diputación de Girona y el Patronato de Turismo de la Costa Brava. Los tres hermanos este año tienen mucho que celebrar: los 30 años de su restaurante, que desde 2013 a 2015 ha estado a la cabeza de la prestigiosa lista The World’s 50 Best de la revista británica Restaurant; los 50 años de la Escuela de Hostelería de Girona, en la que los tres hermanos han estudiado e impartido clases, y el cierre de un año en el que Cataluña ha sido Región Europea de la Gastronomía. Girona, con 17 de estos codiciados galardones repartidos en 13 establecimientos, tiene una de las mayores concentraciones de estrellas Michelin de España.
 
 
Espacio Mas Marroch, en el que se celebrará la gala de la guía Michelin.
 
 
Un día de agosto de 1986, ninguno de sus protagonistas se acuerda de cual, dos hermanos abrieron un restaurante en Taialà, un barrio obrero en las afueras de Girona, pared con pared con la casa de comidas de sus padres, Can Roca. Entonces Joan y Josep tenían 22 y 20 años, estaban recién salidos de la Escuela de Hostelería de Girona y no podían ni imaginar que se convertirían en el mejor restaurante del mundo. “Ese día no entró nadie. Nuestro primer cliente fue el alcalde de Girona, que por aquella época iba mucho por los barrios y fue a saludar a nuestros padres", recordaba Joan Roca el jueves pasado en Madrid, donde ha presentado De la terra a la lluna, la exposición con la que El Celler de Can Roca celebrará sus 30 cumpleaños.
 
Un inmenso desplegable con formato de libro, con los dibujos y fotografías de los tres hermanos –Jordi, el pequeño se sumó después al negocio- y su restaurante, dará la bienvenida a los visitantes a la muestra, que se inaugurará el 21 de noviembre en el Palau Robert de Barcelona, donde podrá verse hasta abril de 2017. Después, girará por varios países latinoamericanos. La exposición se basará principalmente en la imagen, audiovisuales y fotografías, pero también contará con objetos. “Estamos muy ilusionados con la idea y con la forma en que lo está planteado todo Toni Massanés, que es el comisario [director de la Fundación Alicia, un centro pionero que reúne a científicos, nutricionistas y cocineros]. El título, De la tierra a la luna, cuenta cómo los tres hermanos, locos por la gastronomía, hemos hecho realidad nuestro sueño de llegar a la luna, pero luego, cada día, volvemos a la tierra porque nosotros vamos a comer al restaurante que siguen llevando nuestros padres, en el que cada día mi madre, con 80 años, prepara un menú casero por 11 euros para 200 personas y mi padre, con 83, abre el cierre del bar todas las mañanas”, cuenta el cocinero.
 
El chef Joan Roca, en la cocina de El Celler de Can Roca.
 
 
“Es un recorrido por toda nuestra trayectoria. Desde los inicios cuando nos dedicábamos a copiar recetas de los grandes maestros de la nouvelle cuisine, teníamos un libro de Paul Bocuse del que aprendimos mucho. Pero también aprendimos de la cocina tradicional catalana de nuestra madre y pusimos en práctica todo lo que nos habían enseñado en la escuela de hostelería. Con el tiempo, y mucho trabajo, empezaron a llegar los reconocimientos, las tres estrellas de la guía Michelin, el mejor restaurante del mundo, las tres giras internacionales…”, explica el chef Joan Roca, quien aún se acuerda de la carta que ofrecieron en su día de estreno en la que destacaba una lubina desespinada y rellena con mousse de crustáceos.
 
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Teatro y gastronomia en una obra de infarto, que no te la cuenten¡¡¡

Los fantasmas de la guerra entre pucheros y cacerolas

Sergio Peris-Mencheta estrena en el Valle Inclán 'La cocina', una obra que saca a escena a 26 actores

Un momento de la obra 'La cocina', de Sergio Peris-Mencheta.

La primera impresión es impactante. El escenario aloja una enorme cocina industrial, luces arriba y abajo, con todo tipo de cacharros y mesas de trabajo y ruido de platos, en donde trajina un verdadero ejército de cocineros y camareras, de voces que dan órdenes, de pedidos de comandas, pero también de encuentros y desencuentros personales y hasta amorosos. Hoy es una fecha especial. Es 18 de agosto de 1953 en Londres, día de la firma en esa misma ciudad de la condonación de la deuda a Alemania. Muy cercanas están las heridas de la Segunda Guerra Mundial y más en esta cocina de un gran restaurante en el que conviven trabajadores de distintas naciones de Europa, alemanes y griegos, londinenses y franceses. La cocina, de Arnold Wesker, dramaturgo clave en la escena teatral en Gran Bretaña, se estrena mañana en el Teatro Valle-Inclán de Madrid, en un gran montaje con 26 actores en escena bajo la dirección de Sergio Peris-Mencheta (Madrid, 1975). Silvia Abascal, Roberto Álvarez, Patxi Freytez, Javivi Gil Valle, Diana Palazón, Alejo Sauras, Nacho Rubio y Xabier Murua son algunos de este numeroso elenco, algo insólito en el teatro español en estos momentos de penuria.

La obra se desarrolla a lo largo de una jornada de trabajo, cuando los cocineros, camareras, ayudantes y aprendices se van incorporando bien temprano para prepararse a dar de comer a 1.500 comensales entre el almuerzo y la cena. Llegan sabiendo que les espera un trabajo duro, alienante y mal pagado. No hay una trama en sentido convencional, sino que el espectador va a asistir, además de al gran espectáculo del trabajo en una cocina, a pequeñas historias personales, a momentos de intimidad, al encuentro con un par de nuevos trabajadores que se incorporan, a los amores del alemán Peter con la francesa Monique, al embarazo de Cynthia o al enfrentamiento entre Gaston y la mujer encargada de las verduras. También a las risas y a los momentos de descanso y de ocio. Es toda una coreografía medida al milímetro de una actividad intensa, a ratos enloquecida, de entradas y salidas a un supuesto comedor donde esperan los comensales, bajo la atenta y autoritaria mirada del dueño de este restaurante de nombre Marango’s. “La infelicidad de estos trabajadores se palpa, los fantasmas de la guerra siguen ahí, es como un volcán a punto de erupción”, explica Peris-Mencheta, micrófono en mano durante los ensayos para hacerse oír en esta enorme escenografía.

“Desde el principio, Wesker dibuja el enfrentamiento entre dos bandos; los alemanes y los griegos. ¿os suena?”, resalta el director , que ha tenido bien presente “el tesoro dramatúrgico” del enfrentamiento actual entre Grecia y Alemania para dibujar la actualidad de una realidad que viene de lejos. Para el montaje de esta obra, que ya representó hace doce años en su época de teatro universitario con algunos de los mismos actores que ahora se han unido a este montaje, Peris-Mencheta leva trabajando desde 2014. Ha dibujado cada uno de los recorridos, y son muchísimos, que hacen los 26 intérpretes a lo largo de las más de dos horas de duración y que conforman una coreografía minuciosamente ensayada. Con el asesoramiento culinario del chef de El Bohío, Pepe Rodríguez, y el tratamiento escénico de Chevi Muraday,
La cocina se representa a cuatro bandas, con los espectadores abrazando el escenario. “A mí siempre me ha gustado el teatro a cuatro bandas, pero en esta ocasión es más necesario que nunca. El mundo aquí es una cocina, un universo circular. Excepto en algún momento puntual, el espectador pondrá el foco donde él desee, más que donde el director le pueda marcar. Dependiendo de donde el público se sitúe, se podrá ver una función distinta. Esto forma parte del encanto de esta obra”.
En esta intensa y agotadora jornada laboral, todos los actores elaboran exactamente el menú que se ha escrito en la pizarra. Sin alimentos reales, estos cocineros y camareras limpian, cortan, baten, cocinan y sirven como si de verdad estuvieran realizando las recetas elegidas. Limpian el pescado, cortan la carne, sirven el café, elaboran el postre. Es tal la perfección de los gestos, que uno se olvida de que trabajan con el aire. Los alimentos no se ven pero se huelen, pues debajo del escenario, oculto a la vista, se irá cocinando parte del menú. Un espectáculo de olores y colores, pero también de infelicidad e incomunicación, de sinsabores. Ya lo dejó escrito Arnold Wesker (Londres, 1932-2016): “He mostrado la fachada de la cocina, y luego la he abierto un poco para que se viera todo lo podrido que hay dentro”.

Fuente el País

 Lo que si os dejo claro es que me pasare por madrid simplemente para ver este maravillosos proyecto cultural y gastronomico,Mezclando la historia más amarga,dentro de mil vidas y en el mismo teatro tener una experiencia sensorial oliendo lo que cocinan pero sin verlo.... si alguno se me adelanta espero me cuente su experiencia¡¡¡¡
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